La Pobla de Vallbona: cuando las gasolineras “low cost” llegan a tener 4 céntimos más caro el litro de combustible que las tradicionales

 


 

TICO DE VICENTE.- VALÈNCIA. El auge de las gasolineras y surtidores de combustible gestionadas bajo el principio del low cost han experimentado una expansión y un crecimiento notable a lo largo de la última década hasta el punto que rara es la ocasión en la que podemos repostar el combustible en una de las consideradas como tradicionales, en las que se recibe una atención personalizada por parte de un trabajador o una trabajadora en lugar de una interacción con una máquina. Lejos queda ya aquella época en la que en la Pobla de Vallbona había dos estaciones de servicio en todo el casco urbano, las urbanizaciones o en los incipientes polígonos industriales. Instaladas una en cada parte del casco urbano, en la entrada este y en la entrada oeste, surtían de combustible a vehículos particulares, turismos y transportes profesionales. Poco a poco, con un sector liberalizado y apoyado en la mayor competencia, proliferaron las denominadas estaciones de servicio “low cost” en las que el precio de su combustible era más económico y menos sensible al bolsillo de los consumidores gracias a una reducción notables de los costes. No se trataba de un milagro económico, sino de la aminoración provocada por la ausencia de trabajadores en las citadas estaciones de servicio y su sustitución por unas máquinas más eficientes, eficaces y más productivas que el factor humano. Trabajaban veinticuatro horas sin descanso los siete días de la semana, día y noche, sin cesar y sin preocuparse de otras cuestiones. Tan rápido y cómodo como llegar, elegir el tipo de combustible del vehículo, pagar con una tarjeta y repostar sin ninguna necesidad añadida. La situación se fue afianzando alentada por una mayor productividad de las empresas propietarias y por la buena marcha económica que este sistema suponía. Convivencia normal con las estaciones de servicio tradicionales atendidas por personas, las proclamadas low cost fueron ganando terreno, con una buena acogida por parte de los usuarios que se iban multiplicando habida cuenta los resultados, tanto en la cuenta de resultados de explotación como en la facilidad y comodidad de una nueva forma de interactuar en el mercado de las gasolineras.

La pandemia del Covid que se desató a principios del año 2020 fue el factor que terminó por consolidar este tipo de gasolineras. No hacía falta relacionarse con una persona y se evitaba de esta forma una vía de contagio posible. Además, no hacía falta tocar billetes ni dinero, una vía que en las primeras semanas se consideraba -falsamente como más tarde se demostró- un posible camino hacia el contagio. Las gasolineras más baratas proliferaron a la velocidad de la luz, si bien en algunos casos los precios económicos que debían ofrecer a los consumidores no alcanzan las cotas indicadas.

Incluso, existen casos en los que alguna gasolinera de las consideradas como más económicas por su denominación “low cost” ofrecen su combustible más caro que aquellas englobadas en el sector de las tradicionales. En la Pobla de Vallbona, una de estas gasolineras ofrece hasta entre cuatro y diez céntimos más caro el litro de combustible que en una tradicional. Además, si se compara el precio entre la más cara y la más barata del sector del “low cost” la diferencia puede llegar a los 28 céntimos en la gasolina y otros 25 en el gasóleo.

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